EL VIAJE RUMBO AL CORAZÓN

Cuentan los que cuentan cuentos, que una vez existió un Oso que en el silencio encontró su verdad. Veamos la historia.

A Osito…

Pedro el Oso, era un osito de anteojos muy servicial y honesto, no le gustaba mentir, al hablar miraba a los ojos con sus anteojos y siempre tenía una sonrisa del corazón, él vivía a la orilla del mar y un día decidió embarcarse con unos pescadores para conocer el mundo, de puerto en puerto, conociendo a otros animales, unos buenos, otros no tanto, pero él en todos los animalitos confiaba, pues nada le habían hecho. Un día unos micos pescadores robaron a un importante Rey León y éste emprendió una persecución de los ladrones, quienes eran compañeros de Pedro; al ser alcanzados involucraron a Pedro y dijeron que él era el líder de la banda llamada los Piratas de Agua dulce, así los  presentaron en RCN.

Al ser presentados ante el Rey León, después de ser azotados con un látigo, el Rey le dice a Pedro: ¡con que tú eres quien se atrevió a robarme!, ¡pirata de agua dulce!!! -, Pedro le responde con una negativa y el Rey León lo golpea, le dice que todavía tiene el descaro de mentirle en sus propios bigotes y ordena que sean encerrados en el lugar más oscuro y alimentados con pan viejo y agua, hasta ver qué decide hacer con ellos.

Estando encanados, los presos se la pasaban hablando todo el tiempo de sus aventuras, sus familias, sus maldades, el fútbol, las novelas, el Facebook. Pedro permanecía en silencio, sólo observaba y escuchaba. A algunos presos les molestaba mucho esto, pues decían que él era como un loco, lo insultaban y golpeaban, pero Pedro guardaba en silencio y apenas si se defendía.

Un día cualquiera después de largos meses a punta de agua y mogolla, el Rey ordenó llevarlo nuevamente ante él y preguntarle nuevamente: ¿tú me robaste?, Pedro El  Oso, apenas se sostenía y le dijo con una voz muy baja que no. El Rey se enfureció y le dijo: aún después del castigo te atreves a seguirme mintiendo, cuando tus compañeros micos ya te delataron y fueron liberados.  El Rey León con mucha ira le dijo: ¡te voy a tener en ese oscuro y sucio lugar, hasta que me digas la verdad! Pedro respondió: no pienso mentir para salvarme, no podría vivir así.

Pasaron varios años y el Rey lo volvió a llamar y dijo: bueno, espero no me mientas más, pues ya estoy aburrido de ti, así que te preguntaré nuevamente: ¿tú me robaste? Pedro, con la mirada al suelo, no respondió nada. ¿Por qué no me respondes y me dices la verdad?, dijo el Rey León y un guardia le pegó, ¡respóndele cuando él te hable!,  le gritó un guardia y aun así guardó silencio. El Rey dijo: éste ladrón me gusta, tiene coraje, Pedro lo mira a los ojos y dice: todos estos años he comprendido que la verdad no está en las palabras, pues los gobernantes mienten, las animales mienten y nadie es capaz de escuchar la verdad y menos decirla, así que nadie le puede decir a otro qué es la verdad, cada quien debe encontrarla en su corazón. El Rey guardó silencio y le preguntó: ¿crees que digo la verdad?, y Pedro le dijo: si usted no es capaz de escuchar la verdad cuando la tiene ante sus ojos, entonces mucho menos es capaz de otras cosas. El Rey se enfureció y le dijo: entonces ¿crees que miento?, Pedro le respondió: eso lo guardo para mi señor;  el Rey le dice: veo que la cárcel no te ha debilitado, pues eres un oso ladrón que se volvió terco y eso me gusta.  Le hace otra pregunta el Rey, como probando a Pedro: ¿quieres trabajar para mí, el Rey de la selva? Pedro le respondió: ya tiene muchas animales a su alrededor y no seré uno de ellos, no tengo nada que aportar y lo que anhelo es mi libertad. El Rey le dice: Ah, ¿quieres tu libertad?, entonces cuéntame ¿qué es la verdad?   Pedro guardó silencio, el Rey se enfureció mucho y le dijo: ¡contéstame, te lo exijo!, si tu respuesta me complace te dejo en libertad y si no, te podrirás en la Jaula del circo.

 Pedro le dice: Rey no te puedo responder, tu deberías responderte esa pregunta, ¿los animales te quieren, te respetan o te temen?, eres un León viejo al igual que yo, tu reino es tan grande que ya no se mira en el horizonte, pero aún así, tú te has respondido una sola pregunta en tu vida o siempre has consultado con alguna cacatúa tus dudas, sabes, la mejor manera de responder a esa pregunta es hacértela a ti mismo, ¿quién eres y cuál es tu verdad?, no sabes responder tus propias preguntas, pero aun así eres dueño y señor de todo cuanto te rodea, pero no eres un león libre, pareciera que tu miedo no te deja ver los errores que cometes y no te deja pensar, eres preso de las ideas de otros, tienes muchos consejeros, en su mayoría aves de mal agüero y ellos cumplen su trabajo, pero ¿alguna vez has escuchado tu propio corazón?

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Las palabras del oso conmovieron mucho al rey, le tocaron el corazón.

El Rey León miró por una ventana y se dio cuenta que su reinado era una mentira, pues él en realidad no tomaba las decisiones, sino sus consejeros, el Rey dijo entonces: ¿cómo puedo encontrar mis propias respuestas?, le preguntó al Oso, supremamente conmovido. El oso le respondió: ya te lo dije, en tu propio corazón, las demás cosas son sólo opiniones, todo mundo opina sobre la vida de los demás, nadie hace nada por su propia vida.

¡Puedes irte!, le dijo el Rey con una lágrima en los ojos, y te pido me perdones por todos estos años, creo que no  eres el ladrón, ¡denle una justa recompensa por estos años de injusto cautiverio!, y Pedro el Oso le contestó:  gracias a ti Rey León, estos años en la jaula me permitieron encontrar en el silencio mi propia verdad y viajar a mi corazón.

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El león cambió su forma de ser y también cambió el nombre de su reino, ahora se llama “Corazón de León”.

Finalmente cuentan los que cuentan cuentos, que el oso se internó en las montañas y que aun ven su sombra entre los bosques del sur, de eso no hay prueba segura…

Fin.

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