PINTA DE MOTEROS, ROSTROS DE MINEROS

Este escrito está dedicado a todas las mujeres copilotos…

Por: Javier Muñoz B

Finalizaba el mes de marzo de 2011, cuando una fuerte explosión sacudió la ciudad de Pasto, la cual está ubicada al suroccidente de Colombia; una llamada entra al móvil de Cristal, le informan que la explosión sucedió en la Universidad Pública de la región. Al día siguiente mi amigo Silvio, Rector de esa Institución, quien finalizaba su periodo como máximo directivo ese mismo día, citó a una rueda de prensa, para hablar sobre los acontecimientos, los cuales no se esclarecieron y fueron catalogados como un accidente. En medio de la rueda de prensa llegó la noticia de la muerte de un estudiante involucrado (recuerdo eso con mucho dolor y respeto por la memoria de esa persona y su  familia). Al finalizar la rueda de prensa, Silvio entró a su oficina y comenzó a vomitar sangre. Él, por amor a la academia y por su compromiso institucional, había llevado a cuestas un cáncer de estómago, pero esta crisis lo desequilibró mucho, fue trasladado a una clínica de la ciudad donde falleció 11 días después.

Cristal, al siguiente fin de semana me pidió que la acompañara a un poblado en la vía al mar, a presentar su proyecto de grado a una comunidad indígena; en lo personal necesitaba salir, pues las penas ahogaban el corazón,  ella me dijo que regresaríamos el mismo día, aunque estando en el lugar decidimos dirigirnos rumbo al Océano Pacífico, el pequeño detalle fue que no llevamos ni una sola muda de ropa y tampoco teníamos mucho dinero, lo bueno era que viajábamos en una Honda 97cc, la cual consumía 2.5 galones de gasolina por cada 380 km. Aunque ese día había escases de gasolina en toda la región, fue toda una odisea conseguir combustible, la escases se debía a problemas de contrabando que azotaban la región por los precios del combustible.

SIN COMBUSTIBLE
SIN COMBUSTIBLE

La vía rumbo al mar desde San Juan de Pasto, tiene una extensión aproximada de 280 km, Pasto se encuentra enclavado en la Cordillera de los Andes, así que el viaje en los primeros 70 km, es entre montañas y valles; al Departamento de Nariño le llaman “la colcha de retazos”, por la cantidad de cultivos que se ven a lo largo del camino y su división se asemeja a una colcha de retazos.

Una vez llegas al Espino, un  punto en la vía donde venden los quesos más ricos de Nariño, comienzas a descender y empiezas a notar las huellas de la guerra, muchos retenes militares, grafitis de la insurgencia, bases del ejército y la policía con marcas de  los disparos de los ataques, en medio de casas de madera y escuelas. Una de las cosas más preocupantes desde el punto de vista ambiental, es la cantidad de minas de oro que existen en esa región, la mayoría de ellas explotaciones ilegales y otras con licencia, pero todas sobre el lugar donde nacen cintos de ríos que surten de agua los poblados del andén del pacifico y la costa Nariñense, los cuales están siendo contaminados por metales pesados como el mercurio.

En el viaje se encuentra con toda clase climas, desde el páramo, pasando por un bosque tropical húmedo, hasta llegar al nivel del mar. De las cosas más asombrosas es un sector que le llaman Cielo Roto, pues llueve todo el año,  pero también se nota la mano del hombre pues en la orilla de la carretera se mira un poliducto que transporta petróleo hasta ser embarcado en el océano, este viene de la selva amazónica colombiana.

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Cien kilómetros antes de llegar a Tumaco existe una recta de casi igual proporción, me sentía agotado por  el viaje y le permití a mi copiloto que manejara. Nunca olvidaré esa experiencia, pues ella arrancó sin mirar atrás y se pasó al carril contrario, no se imaginan el susto que viví, finalmente pudo controlar la moto, ella iba feliz, pues la sensación de manejar moto en carretera es de las cosas más placenteras de la vida, el pequeño detalle es que no podía frenar la moto, pues le constaba controlarla y me tocaba bajar los pies muy rápidamente y tomar el manubrio para impedir que nos fuéramos al suelo. Yo siempre era el que manejaba, así que ir en la parte de atrás también fue una bonita experiencia, porque el copiloto disfruta mucho el paisaje, puede mirar para a donde quiera.

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Llegar a Tumaco, es encontrarse con una ciudad totalmente militarizada y una de las más violentas de Colombia, en esta región se disputan las rutas del tráfico de droga  y armas de uso ilícito. Es paradójico que la segunda ciudad más importante del pacífico colombiano cuente con una moderna zona hotelera que se levantó por los recursos en hospedaje que dejaban los contratistas de la CIA, la DEA, la Interpol y todos estos organismos que luchan contra el tráfico ilegal, aunque con la llegada de ellos, también proliferó la prostitución y otros problemas conexos.

Ir al mar  y no nadar, es una cosa muy dura, pero la magia que este tiene y el solo hecho de poderle ver, te recuerda lo pequeño que eres y la grandeza de Dios. Recuerdo que pensé mucho en el Tsunami de Japón, pues para esa época grandes cargas de agua contaminada por el accidente nuclear de Fucushima eran descargadas en mar. Que dolor tan profundo por la vida en nuestro planeta, por la vida en el mar, que dolor tan profundo por nuestra propia vida.

Después de comer algo, iniciamos nuestro regreso a la ciudad de Pasto, ya casi no teníamos plata, solo para la gasolina y a mí se me ocurre gastarme el ultimo dólar que nos quedaba, grave error, pues al tomar un hueco la llanta se remordió y  nos pinchamos, llegamos a un montallantas y no quisieron ayudarnos, el hueco lo tomé unos 20 km más arriba, yo cargaba una bomba y le puse aire a la moto, así continuamos nuestro recorrido muy despacio, hasta llegar a un lugar donde nos ayudaron a despinchar, por menos de un dólar que reunimos a punta de centavos.

Pero de ese viaje nos quedaron las ganas de seguir rodando, así que unos días después con 150 dólares, nos fuimos a recorrer cuatro departamentos del suroccidente de Colombia,  iniciando por el  departamento del Putumayo, pasando por el Valle del Sibundoy, recorriendo el Trampolín de la Muerte. En este sitio Cristal se sentía cansada, así que sugirió parar a comer, mi madre nos había preparado el almuerzo, en ese mismo  instante comenzó a llover  torrencialmente en plena selva y aun así continuamos el viaje, pues era medio día y a pesar de que nos quedaban unos 70 km la vía no daba para una velocidad aproximada de 10 a 20 km por hora.  Nos mojamos mucho, pero la sensación de recorrer la selva amazónica, lloviendo, en medio de los más espantosos abismos, a los dos se nos iban las lágrimas de tanta majestuosidad, al llegar a un lugar que se llama El Mirador que esta ubicado en el Trampolín de la Muerte, eran como las 4 30 de la tarde, nos faltaban unos 20 km, por  un descenso muy  peligroso, pues en ciertos tramos de la vía solo pasa un vehículo y no es nada sencillo frenar en un camino lleno de piedras y abismo de más de 100 metros de profundidad.

TRAMPOLÍN DE LA MUERTE
TRAMPOLÍN DE LA MUERTE

La noche en la selva cae temprano, toca pasar por ríos, los cuales por la lluvia habían crecido, pasando el ultimo ya entrada la noche en medio de la selva nos encunetamos en una piedra a la mitad del rio, Cristal rápidamente baja sus pies de la moto y me ayuda a salir, no fue nada agradable esa sensación de estar varado en la mitad de un rio de la selva con un caudal alto.

En medio de la noche yo le decía a Cristal que no se preocupara, que ese camino era muy seguro, pues las fuerzas militares tenían como unos 5 controles, de hecho para esa época la vía hasta llegar a Tumaco era una de las carreteras más militarizadas del mundo, según una fuente de la Defensoría del Pueblo; pero también hablamos como la famosa política de Seguridad Democrática del Presidente Uribe, había permitido que la personas viajemos más tranquilas por lugares muy aislados, pero esa seguridad tenía mucha sangre por debajo, los atropellos de todos los actores armados, incluido el mismo Estado, que sostenía una fuerte avanzada contra la guerrilla, en una guerra fratricida entre hermanos de una misma nación y una guerra que perdió totalmente su norte, bueno ninguna guerra tiene norte, ni tiene sentido.

En Mocoa, capital del departamento de Putumayo, nos quedamos donde unos amigos. Al día siguiente fuimos a una reserva de Corpoamazonia, donde trasladan a los animales que son incautados por las autoridades a los contrabandistas y personas que los sacan de la selva para tenerlos como mascotas, hablo de águilas, culebras, tigrecillos, pericos etc.

CORPOAMAZONIA
CORPOAMAZONIA

Al medio día iniciamos nuestro desplazamiento hacia San Agustín, en el departamento Huila, pero los dos ya conocíamos ese lugar, así que nos fuimos rumbo a  San José de Ismos, lugar en el cual también existen las mismas piezas arqueológicas de San Agustín; en ese lugar Cristal tenía unos familiares quienes no la conocían a ella, pero se enteraron de nuestra visita y salieron a buscarnos. En un punto de arepas se nos acerca un señor y nos pregunta que si veníamos del sur y le dijimos que sí, oh sorpresa nos localizaron, fue muy grato conocer a esas personas muy amorosas que nos trataron del carajo, inclusive dispusieron de su tiempo dejando a un lado sus actividades para atendernos, llevándonos a conocer un lugar único, conocido como el Estrecho del Rio Magdalena, el cual es el río más importante de Colombia y este punto se reduce a un ancho de dos metros. Eso sí, nos llevaron por una trocha que daba ganas de llorar, solo por relatar una parte, en un sector muy inclinado me tocó recostarme sobre el tanque para que la moto no se levantara y nos fuéramos hacia atrás.

SAN JOSE DE ISNOS
SAN JOSE DE ISNOS

Ese día ya era jueves de Semana Santa y teníamos que continuar nuestro camino. Cristal quería quedarse, pero teníamos un compromiso al mediodía del Viernes Santo, así que prácticamente la obligué a continuar. En el camino comenzaron a parecer derrumbes, así que decidimos parar en un pueblito a la orilla de la carretera. Al acostarnos a dormir comenzó una fuerte tormenta eléctrica, esa noche pensé – llueve esta noche y mañana amanece despejado -, esa noche el río Magdalena se desbordó unos kilómetros más abajo, impidiendo el paso a la ciudad de Neiva, así que a la mañana siguiente amaneció lloviendo y aún así continuamos el viaje, teníamos que llegar a esa cita, de hecho era uno de los principales objetivos del viaje, fue un tramo muy fuerte, cientos de derrumbes en la vía, prácticamente éramos los únicos que la transitaban, pues la moto al ser tan pequeña pasaba casi por todos lados. Cristal sin querer metió mal la cámara y se mojó totalmente, yo me molesté mucho con ella, pues no supe tomar este simple descuido de Cristal.

INUNDACIONES
INUNDACIONES

Por gracia de Dios llegamos donde teníamos que llegar y el día cambio cambió. Una señora nos regaló una taza de chocolate caliente, hicimos las paces con Cristal y decidimos continuar el viaje. Habíamos escuchado que iban a abrir las compuertas de la represa de Betania del Río Magdalena,  así que nos fuimos hasta ese lugar, pero en el camino yo sentía miedo mucho, las aguas del Río Magdalena rozaban un puente, fue sencillamente terrorífico para mí, aunque yo disimulaba mucho para no preocupar a Cristal, quien  contemplaba impresionada el paso del río por aquel poblado del Departamento del Huila. Después de ese lugar, casi a eso de las 4 de la tarde fuimos a almorzar, tomamos una limonada, grave error pues quién sabe de qué agua estaba hecha.

Emprendimos viaje rumbo al Municipio de La Plata en el Huila, la vía estaba muy peligrosa, había muchos derrumbes y en una parte cometí una imprudencia, paré en una vía a la mitad del camino, sin mirar atrás, cuando por los espejos veo que un camión los lleno y me echo aún lado, veo pasar el camión rápidamente y  un policía gritar -están locos, cómo va a manejar así y parar de esa manera-, era Viernes Santo, y en mi región las personas tienen malos agüeros en torno a ese día, el policía estaba pálido y prendió su moto para alcanzar el conductor del camión a quien también le dio un fuerte llamado de atención.

Al llegar al Municipio de la Plata, Cristal llegó a vomitar al hotel, no pudo dormir muy bien, estaba con daño de estómago, le compré unas pastillas en una farmacia que no hicieron mucho efecto. Al día siguiente decidimos continuar, pues Cristal estaba fugada de casa y los papás  estaban extrañándola. Nuestra coartada ya se estaba terminando, teníamos que subir al páramo del Puracé, llovía fuertemente, le dije a Cristal que si quería viajar en un bus, pero no lo quiso hacer y así enferma continuamos el viaje. Yo realmente no sabía qué hacer, ya cortos de plata como viajan un par de estudiantes aventureros, casi mochileros en moto, Cristal muy enferma y los derrumbes cada vez más grandes, incluso en uno de ellos tuvimos que pagar para que cargaran la moto, (de esta parte del viaje no hay fotos pues la cámara estaba muerta).

Al pasar ese derrumbe, para completar nos pinchamos, realmente la situación pasó de castaño a oscuro; en una curva paré para hacer el mismo procedimiento que había hecho en la vía al mar, llenar el neumático con aire y seguir así. Cristal se limpiaba el barro de la cara con el agua de una cascada, cuando sale una señora de una casa a ofrecernos ayuda, Cristal le comentó nuestra historia, ella la invita a seguir a su casa, el lugar  era algo mágico, tenía de fondo un riachuelo, la vivienda era muy humilde, pero tenía mucho amor, estaba llena de flores, la señora esperaba a su hijo que venía de Neiva, le contamos la situación en la carretera y le dijimos que no lo esperara que se iba a demorar, ella le tenía preparado la comida a su hijo y nos la ofreció a nosotros, mojados, enfermos, con la moto pinchada, más con cara de mineros que de moteros. Pero no sé si fue la Buscapina, el agua que le dio a Cristal o la comida, pero de ahí la suerte nos cambió. Cristal se sintió en condiciones de viajar, de hecho se recuperó totalmente, dejó de llover, la moto fue reparada unos mil metros más adelante, atravesamos el páramo sin una sola gota de agua; qué espectáculo tan mágico mirar esos valles llenos de frailejones y ríos cristalinos. Finalmente llegamos a Coconuco, en el Departamento del Cauca. Ahí nos quedamos en un hostal y disfrutamos de unas aguas termales muy famosas en esa región, fue como la fresa del pastel  y nos relajó totalmente, ya  era una semana completa viajando.

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LA PODEROSA II

Al día siguiente emprendimos el camino de regreso a Pasto, en la vía nos encontramos con toda clase de moteros que regresaban de sus viajes, creo que esa Semana Santa no hubo un solo motero que no haya tenido que aguantar lluvia  y derrumbes. Aquel día nos encontramos con Álvaro Andrés Santacruz, un MotoRutero quien regresaba de la ciudad de Medellín en su bella Vstrom 650, de pasar vacaciones en la casa de otro gran viajero, Hernando Anaya, quienes por carreteras del Eje Cafetero vivieron cosas muy parecidas con el tema del invierno. El camino de regreso a Pasto estuvo lleno de risas y mucho sol, aunque la Poderosa ya estaba pidiendo a gritos un mantenimiento, pero aun así nos trajo a casa, sanos y salvos. Eso sí al llegar a Pasto se volvió a pinchar, bueno, ya en casa eso no tenía la menor importancia.

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Los grandes viajes tienen una particularidad, que pese a las cosas negativas uno no quiere que se acaben, pues estás siendo libre, eso que hoy en día nos cuesta tanto, la libertad, recuerdo la nostalgia que me dio que esta aventura llegara a su final…

LA RUTA

Sin título

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2 comentarios en “PINTA DE MOTEROS, ROSTROS DE MINEROS”

  1. buena amigo!!! yo recorri esas rutas haces unos meses en moto, ahora estoy en mompiche ecuador, ahi nos cruzamos en el camino!!! bendiciones!

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